Querido Diego, te abraza Quiela… y alguien te golpea

En una época en la que México aceptó a refugiados de países en guerra o afectados por ellas, e incluso exiliados, Elena Poniatowska llegó al país a la edad de diez años, acompañada de su madre, Paula, y su hermana Sofía. Difícil de creer a simple vista, Elena proviene de una familia noble, por el lado paterno, mientras que su madre nació en una familia porfiriana. Por derecho propio es princesa —roja por sus ideas— de Polonia, aunque ha mencionado que no lo interesa, lo de ella es escribir complicadas novelas biográficas donde olvidas que es la pluma de Elena Poniatowska la que narra la historia y no Tina Modotti, o Angelina Beloff, como se da el caso en “Querido Diego, te abraza Quiela”.

Éste cortísimo libro epistolar, conformado por una serie de cartas en primera persona, nos lleva a través de los diez años siguientes al abandono que sufre Angelina Beloff, primera esposa de Diego Rivera, y todo el proceso de duelo a raíz del evento.

Me sentiré muchísimo menos extranjera contigo que en cualquier otra tierra.

A lo largo de la novela, Elena nos brinda distintos datos para comprender a la protagonista, pero omite otros que evitan que puedas anticipar los hechos, por lo que el final se vuelve incierto y nada esperado. Te describe las situaciones, lo que siente, lo que piensa, lo que pasó antes de Diego, lo que sucedió con Diego, lo que ocurrió después de Diego. Es una narrativa compleja en nivel emocional, porque el nivel de detalle es abrasador y mi estómago no da para esos niveles.

Angelina Beloff y Diego Rivera.

Lo que sucede es que Quiela, nombre por el que conocían a Angelina Beloff, vive un romance fugaz con Diego. No se casan, pero forman una pareja formal y llegan a tener un hijo, que lo era todo para Angelina y un error para Diego en un inicio. Viviendo siempre con lo mínimo, el niño se enferma, muere y eventualmente Diego también deja a Angelina, dejándola devastada y en espera de una explicación, una respuesta a sus cartas.

Pasamos de la calle al taller, de un pequeño grupo de amigos a la soledad de un espacio diminuto. La vemos pasar hambre y carecer de un rumbo en su vida, añorar la maternidad por el significado utilitario que le da a su vida. Espera con ansias una respuesta, aunque con el tiempo todos se dan cuenta de que jamás llegará. Quiela esperó, pero nunca llegó nada.

Hoy no quiero ser dulce, tranquila, decente, sumisa, comprensiva, resignada, las cualidades que siempre ponderan los amigos. Tampoco quiero ser maternal; Diego no es un niño grande, Diego sólo es un hombre que no escribe porque no quiere y me ha olvidado por completo.

Con el paso de los años, Quiela despierta y reencuentra el amor propio. ¡Por fin! Sí, porque pasan diez años y, aunque al principio no noté el paso de los años, ella seguía lamentándose la pérdida de su amado Diego. ¡Vamos! ¿Qué tenía de especial ese feo panzón que de clase tenía lo mismo que un mono? Tampoco tenía un carácter agradable, ¿qué le veía? Y conforme van pasando las cartas, más gordo me cayó y también ella me estreso. ¿Quién perdona un amorío? Peor, ¿quién lo consiente y lo deja ser? No habla bien de la imagen que tenía Quiela de sí misma.

“Querido Diego, te abraza Quiela” es una novela que te lleva de la mano por el rumbo del duelo y te enseña el amor propio, el duelo entre lo que uno quiere y no se puede tener, la difícil aceptación de lo evidente y te permite descubrir cosas que hay dentro de ti. Por ejemplo, que jamás hubiese estado con alguien como Diego Rivera ni me permitiría un duelo de diez años, tan solitarios y grises teniendo tanto potencial.

Quizá de tenerlo enfrente le daría una bofetada, porque sujetos como Diego Rivera tienen de talento el doble de lo que les falta de habilidades sociales y empáticas.

Compártelo

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *