Purpurina escribe #7: ¡Papá, quiero ser escritora!

Mi memoria me fallará, pero estoy casi segura de haberle dicho a mi padre mi más oscuro sueño cuando era mi único sueño profesional. Le tomé mucho cariño a esta onda de escribir desde muy pequeña, habrá sido alrededor de quinto de primaria, tendría alrededor de once años. Hasta la fecha desconozco si en aquel entonces me tomó en serio o me dijo “sí, princesita” para que dejara de molestar, como últimamente anda diciendo a todo lo que se pide en la casa y terminamos por olviar.

Para la frustración de quienes dicen que tengo demasiado cerebro para “desperdiciarlo” dedicándome a algo que “no me lleva pan a la boca”, es decir, con lo que no se gana bien, el deseo de dedicarme a escribir no fue nada más que el inicio de una larga época donde dije que estudiaria fulana licenciatura siempre para utilizar los conocimientos directos e indirectos en mis creaciones.

Por ejemplo…

Quise estudiar Historia para ambientar bien las novelas en distintas épocas de la historia. Después… ¿fue Relaciones Internacionales? Creo que sí, me agradaba la idea de viajar por el mundo y codearme con personas de otras culturas, podría aprender un montón y… plasmar personajes más humanos respondiendo a las diferencias entre naciones. Dije que estudiaría Diseño Gráfico para trabajar haciendo portadas de libros… y al final casi juré que Literatura era lo mío. Terminé matriculándome en Comunicación y la neta es que no me arrepiento de nada, tiene un poco de todo y el contenido de las materias, cuando son de mi agrado, me mantienen muy entretenida.

A lo que quiero llegar es a esto: mi vida ha girado alrededor de la creación literaria desde muy, muy pequeña.

Escribo porque siento una intensa necesidad de contar historias. Los personajes llegan a mí, a veces como meteoritos, otras sólo son estrellas fugaces o cometas. Historias que urgen ser contadas, historias que vienen pero no duran lo suficiente, historias que vienen pero todavía no es el momento para ser escritas y deberán regresar. Todo tiene su momento o una razón de ser, un mensaje que busca ser transmitido.

Pasan los años, pero lo anterior no cambia. Acepto que la inspiración anda flaqueando desde hace tiempo y cada vez me distraigo más, no me puedo quedar tanto tiempo quieta, pero mi objetivo sigue siendo el mismo. ¡Papá! ¡Sigo queriendo ser escritora!

Hoy sé que me responderá que sí y no volverá a hablar al respecto, no para darme el avionazo y mantenerme callada, sino porque me deja hacer y deshacer a mi gusto. Jamás me va a presionar para ver el resultado de tantas horas desvelada o leer esta novela de la que hablo mucho. Sabe que llegará el momento y yo sé que cuando tenga el resultado de mi efuerzo en mis manos, podré ir con él y finalmente le compartiré lo que tanto he estado cuidando.

Compártelo

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *