Purpurina escribe #2: Elena, la precuela

A dos años de haber empezado El juego de Artemisa, nunca he estado más lejos de terminarla. En sí, la historia ya está desarrollada de pies a cabeza. Los sucesos están sobre la mesa, sólo me falta… editar toda la novela. Y eso, queridos lectores, es lo más tardado de escribir un libro.

Empecé a editar EJDA mes y fracción después terminar el primer borrador en la última semana de 2015, lo recuerdo porque ese fue mi propósito de fin de año: poner el punto final de EJDA cueste lo que cueste. Sí, estuve muy feliz y orgullosa de mi hazaña, para mí significó tener una obra de calidad de mi agrado, pues el 90% de las novelillas que escribí antes todavía me dan dolor de cabeza por sus modelos, valores y enseñanzas.

El juego de Artemisa fue lo primero que surgió de mis manos que tiene un mensaje decente, personajes decentes con relaciones amorosas saludables. Sin embargo, sigue teniendo detalles que no me convencen del todo o definitivamente tengo que cambiar, por eso la edición, entre otros motivos.

Ingenua yo, pensé que podría hacerlo rápido, no se veía como un trabajo tan difícil ni cansado. ¡Totalmente errada! Me lanzaba a reescribir párrafos completos porque sonaba mejor esta nueva voz en mi mente, es decir, empecé a cambiar más de lo que estaba previsto, mera narración a decir verdad, pero algo al final de cuentas. 

En esas épocas intercalaba editar EJDA con escribir otra novela y un relato para un concurso. Si bien el segundo salió bastante bien, al principio me pasó exactamente lo mismo que con la nueva novela que estaba escribiendo: confundía los nombres de los personajes con los de El juego de Artemisa. A la protagonista le decía Elena, al chavo #1 varias veces le cambié el nombre por Romeo… ¡incluso a una niña que nada tenía qué ver con ellos varias veces se me fue y me referí a ella como “Artemisa”! 

Uhg, supongo que puede aplicar el tan llamado síndrome del nido vacío o algo similar. Al final, se me fue el tiempo, pasaron las vacaciones de verano y empecé la universidad. Todo mi tiempo se fue por la alcantarilla y tuve que pausar definitivamente todo lo que estaba escribiendo. Pero seguía molestándome el gusanito de la insatisfacción y sabía que para terminar con él tendría que poner la novela lo más chula que mi cerebro procrastinador me permitiera.

Déjala ir. Si vuelve es tuya. Si no, nunca lo fue.

La frase… aplica. ¡Lo juro! EJDA me dejó ir y obviamente regresé, así que esto es destino o así. En todo ese tiempo que no pude escribir, regresaba a la historia en mi mente. Repetía las escenas, hacía notas mentales de aquellas cosas que debo profundizar y poco a poco comprendí que quizá estaría bien presentar un poco de cómo era la relación amorosa de los protagonistas antes para que se entienda mejor el presente.

Probablemente con simples flashbacks funcionaría para cualquier otra persona, pero para mí no es suficiente. Quiero que se conozca a los personajes a profundidad, que se encariñen con ellos y todos los detalles estén claros, que no haya espacio para un error al momento de retomar las situaciones del pasado en el presente (de la novela). Este último punto está más relacionado con mi afán de tener todo perfecto que otra cosa… 

Así, poco a poco, fue surgiendo toda una cronología a detalle de los momentos más importantes del inicio y desarrollo de las relaciones entre los personajes. Me emocioné al conocer más de los muchachos, de poder explorar ese lado de la historia que siempre me causó curiosidad pero jamás exploré como hoy hago. Y por fin, gracias al cielo, regresó a mí esta necesidad de escribir una historia, su historia.

Así surge esta precuela sin título (es muy pronto) a la que de manera provisional llamo “Elena”, aunque bien se pudo llamar “Elena & Atenea” o viceversa. Me está costando trabajo, sí, bastante porque he perdido esta disciplina para sentarme en un lugar y escribir como Dios manda. Encontrar la voz de la historia me está siendo un poco complicado y por momentos me aburre escribir escenas donde todavía no hay esta relación estrecha entre los cuatro personajes en cuestión…

¡Sí! Yo ya quiero acción, emoción y risas. ¡Uff! Para mi suerte o desgracia… tendré que esperar, porque no, eso de escribir un poco de aquí y luego de allá para regresar al tiempo del aquí no se me da. Uh, no sé si se entiende lo que quise decir con esto último, chispas.

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