Nosotros, los lectores, también tenemos derechos

El pasado 11 de marzo, en el marco de la Feria Internacional del Libro de Yucatán (FILEY), Benito Taibo presentó su libro “Corazonadas” con una charla amena donde habló de la importancia de la lectura, de la necesidad de no caer en etiquetas —como la literatura juvenil— y de los derechos del lector.

Me llevé a casa un par de nuevos conocimientos y recordatorios que me dejaron pensando, entre los cuales se puede encontrar en mi cabeza un apartado titulado “Los derechos del lector”. Se trata de un término que ya había escuchado en el pasado, pero desconocía su procedencia y sólo tenía una breve idea —descripciones cortititas— de qué eran esos derechos, esta última cuestión quedó solucionada, sin embargo, no quedé satisfecha. No sólo quería saber eso, sino quién los puso sobre la mesa, cuándo y dónde.

Tardé más en encontrar un espacio para investigar que en hallar mi respuesta.

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Fue el escritor francés Daniel Pennac quien enlistó los diez derechos —¿algún intento de comparación con los Diez Mandamientos o sólo soy yo?— dentro de su libro “Como una novela”, publicada en 1992. Los comparto:

1) El derecho a no leer. 

2) El derecho a saltarnos páginas.

3) El derecho a no terminar un libro.

4) El derecho a releer.

5) El derecho a leer cualquier cosa.

6) El derecho al bovarismo.

7) El derecho a leer en cualquier sitio.

8) El derecho a hojear.

9) El derecho a leer en voz alta.

10) El derecho a callarnos.

 Está de más recalcar que éstos son válidos únicamente para los lectores consumados, algunos aplicarían —a mi opinión, cada quién puede tener su postura— a aquellos que se quieran acercar a los libros.

Querido lector… y lector en potencia

Si me lo permites, a partir de mi corta experiencia, me dirigiré de aquí en adelante a ti, lector.

Eres un ser libre por naturaleza, libre de elegir qué leer y qué no leer. Lo puedes ver en los derechos, se basan en tus libertades. Sí, lo sé. Varios de esos puntos van en contra de todo lo que muchos nos han dicho, empezando porque a muchos los obligan a leer o nos meten en la cabeza que leer este o aquel tipo de libro es incorrecto, ni hablar de las lecturas obligatorias de la escuela. Es más, un minuto de silencio por todos los lectores que se perdieron en ese camino.

¿Ya pasó el minuto? Sigamos.

Debo agradecer a mis padres por ser lectores y a la escuela por no marcarnos lecturas densas y aburridas, esto me ayudó en considerable medida a acercarme a los libros por curiosidad. Recuerdo a mi padre leyendo en su mecedora cuando era niña y a mi madre sentada contra la puerta de la casa haciendo lo propio, jamás me forzaron. Todo tiene su tiempo, me decía mi madre y tenía razón. En algún punto de la primaria empecé a leer un libro recomendado por mi vecina, que asistía a la misma escuela. Encontré un oasis, leía lo que quería cuando quería… pero poco a poco empecé a escuchar lo que decían otras personas y muchas libertades que se listan como derechos se convirtieron en un mito.

El derecho a no leer.

Yo era Olivia, la que siempre está leyendo. Durante muchos años no conocí lo que significaba no estar leyendo, incluso cuando estaba en un temible reading slump tenía un libro en la mano y sabe Dios que me costaba trabajo, además de terminar odiando el libro… no sé cómo ni quién me metió en la cabeza que debía seguir leyendo para que se me pasara ese estado detestable. ¿Y saben? Es lo peor que puedes hacer.

Si no quieres leer, no lo hagas. ¡Por lo que más quieras! Deja el libro en un lugar y aleja las manos de él. Imagina, lo lees y como no estás con las ganas de leer, terminas con un mal sabor de boca, tan amargado como antes o peor. Terminas con la idea de que es un mal libro o simplemente no lo aprecias porque no llenó ese espacio en tu pecho, cuando en otra situación te hubiese gustado y todo por haberte forzado a leer.

Así que… ¿no tienes ganas de leer? No lo hagas, puedes arruinarte un buen libro. Mejor sal y despeja tu mente, haz lo que quieras.

El derecho a saltarnos páginas.

Contra lo que te digan otras personas, puedes y deberías saltarte páginas si consideras que el contenido no es relevante. ¿Cuántas veces no te ha sucedido que el autor describe por hojas y hojas el glorioso paisaje de fulano lugar? ¿Y qué sucede después? ¡Nada! El personaje sigue en su onda.

Así como hay relleno en las series y muchos se lo saltan, también en los libros y puedes hacer lo mismo.

El derecho a no terminar un libro.

Va de la mano con el anterior y agrego un poco más. ¿No te está gustando? No lo termines en ese momento, deja que pasen los días, meses, años… ya llegará el día que lo agarres de nuevo y lo disfrutes. Los libros a veces llegan en el momento erróneo para ser leídos.

O no los termines nunca, hay libros que solamente no son lo tuyo y nunca lo serán. Lo sabrás en cuanto hayas leído lo suficiente.

El derecho a releer.

No digo solamente que releas un libro completo, sino capítulos y páginas solas. Esta bien querer regresar a esos pedacitos que te gustaron, además conforme vas madurando, encuentras aspectos distintos o das significados nuevos a las palabras, como las que son de doble sentido y tu mente juvenil sólo captó una parte del chiste.

El derecho a leer cualquier cosa.

Parece que una cosa te lleva a la otra, ¿no? En el anterior te dice que puedes volver a leer lo que quieras de lo que quieras, aquí que de plano puedes leer lo que sea. Revista, libro, periódico, artículo, tonterías en Internet… no sé, ¿qué se te ocurre? ¡Ah! ¡Géneros! Lee el que quieras. ¿De cuál tienes ganas? ¡Pues ese! Aunque la gente pegue un grito y te mande derechito a confesarte.

No te dejes guiar por lo que dice la gente. Leer es un asunto de dos, el lector y el libro.

El derecho al bovarismo.

Y ya que lees lo que quieras… entenderás que está bien no leer todo el tiempo libros que sean complicados, obras maestras y demás libros reconocidos. Lee cosas que te den satisfacción casi al instante, fáciles de leer. Aprende de Madame Bovary, ella era lectora empedernida de novelas románticas.

El derecho a leer en cualquier sitio.

Lo explicaré con un ejemplo.

Yo llegué a leer en el closet del salón durante clase de Geografía, nos metíamos una amiga y yo porque no soportábamos el ruido que hacían las chicas. ¿La verdad? Ha sido uno de los lugares más cómodos en los que he leído.

Sólo te pido una cosa, lector. Evita poner tu vida en riesgo, gracias.

El derecho a hojear.

Hojeo para decidir si el libro me agrada para leer a continuación.

Hojeo por el simple placer de leer cualquier cosa y tener una probadita de la escritura del autor.

Cada quien tiene sus motivos para hojear…

El derecho a leer en voz alta.

Habla, alza la voz. Comparte lo que estás leyendo, declama un poema. No permitas que el texto se quede así, mudo. Dale voz, permite que llegue más lejos. Nunca sabes quién te puede estar escuchando y qué puedes causar en él, espero que a alguien le sirva. Con sacarle una sonrisa es más que suficiente.

Leer no tiene por qué ser un acto solitario por siempre, puede ser compartido. ¿Y qué mejor forma que leyendo en voz alta? Puede convertirse, incluso, en un punto/motivo de reunión.

El derecho a callarnos.

Y calla, calla cuando no te salga del corazón las palabras que van a salir de tu boca. Calla cuando sientas que es demasiado íntimo para ser compartido, porque está bien mantener un pedacito sólo para ti. Hazlo tuyo y no lo dejes ir. No es necesario decir todo lo que piensas ni todo lo que opinas, quizá algunos te vean feo y te critiquen, pero, como bien dicen, también te criticarán si lo haces.

Y antes de irnos…

Querido lector, hay muchos lectores como tú ahí afuera y no sabes cuántos desconocen que tienen derechos protegiéndolos de todas esas presiones que ciertas personas de la sociedad han puesto sobre sus hombros. Todavía se ve mal entre ciertos grupos que no terminen un libro, que lean erotismo o libros de temas polémicos porque quieren; no se acepta leer donde quieras en la posición que quieras, saltarte páginas o releer cuando hay un mundo de libros mejores que podrías estar leyendo…

Tú los conoces, tú tienes el poder de hacer que otros lectores sepan que tienen la libertad de ésto y más. Por favor, no te quedes con los brazos cruzados… siempre puedes leer en voz alta o compartir.

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