A nosotros, the fools who dream

—¡Ya pasaron meses! —dijo la rana.

—¡Ya fueron los Oscar! —comentó la iguana.

—¡Llegaste tarde! —agregó el tiempo.

Podría respaldarme detrás de esa famosa frase de Clarisse Renaldi, Reina de Genovia, que dice “Una reina nunca llega tarde, los demás siempre llegan antes”, pero sería demasiado pretencioso de mi parte. He venido retrasando esta entrada ya bastante tiempo, por las tareas de la universidad, porque no encontraba las palabras para expresarme —hecho que sucede bastante seguido— y otras veinte mil razones que me puedo sacar de la manga. Al final, la realidad es que estoy tarde y tengo que sufrir con las consecuencias… que no hay, salvo en mi cabeza.

Todo está en la cabeza, mínimo los aspectos subjetivos, emocionales, etc. de la vida. “Todo es psicológico” diría un conocido —hola, estoy hablando de ti. Espero te guste este pedacito de mi mente—, pero no estoy tan segura. De una cosa sí lo estoy: hay tantos gustos como cabezas, motivo por el cual cada quién tiene sus canciones favoritas. Algunos se habrán enamorado de la melodía y la letra desde el momento que la escucharon en el cine, otros pueden llamar “favorita” a esa canción que no salía de su cabeza y otros dirán que su favorita cumple con ambos puntos.

Mi favorita, sin discusión alguna, es The Fools Who Dream. Lo siento fans de City of Stars, pero no hay lugar para esa en mi corazón. No hice click con ella, es bellísima y la canto a todo pulmón, sin embargo, carece de ese espíritu que me puso la piel de chinita la primera vez que escuché The Fools Who Dream… incluso salieron mis lagrimillas. 

Antes de empezar con mi monólogo acerca The Fools Who Dream y ese peculiar significado que le encontré, por favor, pícale al botón de play y escucha esta bellísima canción con los ojos cerrados. Procura estar en un lugar silencioso, sin niños gritones, o ponte tus mágicos audífonos que te aíslan del mundo. Es una experiencia que debes vivir, al menos, una vez en la vida y no sólo con ésta, sino con el resto de la música.

And here’s to the fools who dream…

Somos soñadores por naturaleza, tenemos metas e ideales. Deseamos llegar hasta el punto más alto de la montaña (la meta), clavar la bandera y hacer un baile de la victoria. ¿Graduarte de la universidad? ¿Formar una familia? ¿Emprender tu propio negocio? ¿Ser director de cine? ¿Publicar un libro? Los posibles sueños son infinitos, el límite es la imaginación, auténticamente. Podrán ser sueños demasiado ambiciosos, irreales, tan lejanos y fuera de los estándares de lo común que —claro, ¿por qué no?— nos han valido la etiqueta de “tonto”.

—¿Ser presidente? —exclamó la mujer.

—¿Es que eres ilusa?

—¿Tú? ¿Llegar hasta ahí? ¡Ubícate en tu pueblo!

Palabras más, palabras menos. La idea está ahí.

Yo sueño. He sido víctima del “tonta”, si no exactamente con palabras, con miradas y gestos; incluso me lo he dicho en esos momentos de desesperación, cuando parece que no avanzo. Me obligo a levantar la mirada y recordar la verdad —para mí— absoluta: puedo hacerlo, lo haré. Aunque el camino será arduo, siempre ha sido así y no va a cambiar por arte de magia, si te atreves a mirar a través del filtro correcto podrás disfrutar de los pequeños detalles, de cada paso que das, de cada pequeña victoria.

Sí, el sueño es la meta, pero está construido sobre trabajo, sacrificios, palabras, acciones, risas, llantos. Una vez que tengas el premio en tus manos, verás atrás y será más grato. Incluso te dará risa que te hayan llamado fool y las cosas negativas no se verán tan grandes.

Empiezo a caer en otra línea que también tocó una fibra sensible…

Here’s to the hearts that ache…

No voy a mentir, todo este rollo de soñar y luchar por lo que quieres conlleva cierto grado de sufrimiento. Te vas a golpear quince veces y te levantarás dieciséis, esa es la regla y única forma para alcanzar lo que te propongas. Te dolerá como no tienes idea. Las preguntas acerca de cuánto vale realmente lo que quieres conseguir también estarán presentes, pero, por favor, no te rindas.

Si de verdad deseas alcanzar tu objetivo, ve más allá del dolor. Así que… recolecta tus trastes y chucherías, levántate y sigue caminando.

Estarás hech@ un desastre, te entiendo, he pasado por esa crisis. Y eso es… una crisis. Las crisis se superan, ¿ok? Sólo no te consumas, limpiar todo el desastre es algo complicado. Necesitarás energía.

Soñar es un deporte extremo, un maratón con obstáculos que aparecen a su santo antojo. Te puede dar miedo, pero no dejes que eso te detenga. Son las cosas más complicadas de conseguir aquellas que te dan la alegría más grande, porque ya pasaste por mucho, conoces el sabor de la decepción y el borde de la locura. El pecho se te llenará de alegría, regocijo y mil sentimientos y emociones más. Entonces sabrás que ha valido la pena…

She said she’d do it again.

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