A nosotros, the fools who dream

—¡Ya pasaron meses! —dijo la rana.

—¡Ya fueron los Oscar! —comentó la iguana.

—¡Llegaste tarde! —agregó el tiempo.

Podría respaldarme detrás de esa famosa frase de Clarisse Renaldi, Reina de Genovia, que dice “Una reina nunca llega tarde, los demás siempre llegan antes”, pero sería demasiado pretencioso de mi parte. He venido retrasando esta entrada ya bastante tiempo, por las tareas de la universidad, porque no encontraba las palabras para expresarme —hecho que sucede bastante seguido— y otras veinte mil razones que me puedo sacar de la manga. Al final, la realidad es que estoy tarde y tengo que sufrir con las consecuencias… que no hay, salvo en mi cabeza.

Todo está en la cabeza, mínimo los aspectos subjetivos, emocionales, etc. de la vida. “Todo es psicológico” diría un conocido —hola, estoy hablando de ti. Espero te guste este pedacito de mi mente—, pero no estoy tan segura. De una cosa sí lo estoy: hay tantos gustos como cabezas, motivo por el cual cada quién tiene sus canciones favoritas. Algunos se habrán enamorado de la melodía y la letra desde el momento que la escucharon en el cine, otros pueden llamar “favorita” a esa canción que no salía de su cabeza y otros dirán que su favorita cumple con ambos puntos.

Mi favorita, sin discusión alguna, es The Fools Who Dream. Lo siento fans de City of Stars, pero no hay lugar para esa en mi corazón. No hice click con ella, es bellísima y la canto a todo pulmón, sin embargo, carece de ese espíritu que me puso la piel de chinita la primera vez que escuché The Fools Who Dream… incluso salieron mis lagrimillas.  Mostrar todo

Los libros en la mesita de noche

Mi mesita de noche es un desastre muy desorganizado. ¿Quieres galletas, tijeras, servilletas, flashcards, papel de regalo, una lámpara, un esmalte de uñas o libros? Lo puedes encontrar una vez que busques, literal. Lo único que se puede distinguir a simple vista son los libros, no sabes cuál es cuál porque sus lomos están en la dirección equivocada.

 En total son 6, de los cuales, sólo estoy leyendo uno. Entonces, me dirán, ¿qué hacen 6 libros en tu mesita de noche? Muchos entenderán que los libros se acumulan, en mi caso, además de eso, los tengo allí para no olvidarme de que tengo planes para ellos. Leyeron bien, luego se me va la onda de manera espectacular y termino haciendo cosas que no tenía en mente, como leer el libro equivocado (en el orden que ya establecí para la temporada) u omitir una reseña.

Desde hace un par de semanas se fueron acumulando los que hoy ocupan un espacio en la torrecita y estos son…

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Otra mirada: La luz que no puedes ver

 No estaba preparada para un libro como “La luz que no puedes ver”, tan hermoso, largo y pesado, en cuanto a carga emocional e histórica. Habré tardado alrededor de un mes en terminarlo, pero no piensen que lo leí en ese tiempo porque no me enganchaba. Al contrario, el libro me gustó mucho, si lo leí en un mes fue por las ganas de hacer que dure hasta el último segundo posible, porque puedo releerlo el número de veces que quiera, sin embargo, la sensación de leer algo por primera vez no regresa.

En un inicio viajamos a dos latitudes distintas, una Francia ajena a su infortunado futuro y una ciudad minera de la Alemania nazi. Las circunstancias en las que conocemos sus rincones no pueden ser más distintas.

Conocemos París a través de Marie-Laure, una niña que vive con su padre, el encargado de custodiar las llaves (cientos de miles) del Museo de Historia Natural. Después de quedar ciega a temprana edad por una condición  genética, vemos en su padre un gran amor por ella y el deseo de que sea independiente, pues, con mucha dedicación, le construye un modelo a escala de la zona en la que viven para que ella pueda memorizar las calles y los objetos usuales. Posteriormente, con la invasión nazi, se ven obligados a huir a la ciudad amurallada de Saint-Malo.

 A kilómetros de distancia se encuentra Werner (Verner, por favor), un huérfano que se ve envuelto en el encanto de reparar aparatos, como las radios, talento que no pasa desapercibido en un rincón minero, y le da la oportunidad de pertenecer a las Juventudes Hitlerianas. Conforme pasan las páginas nos damos cuenta del destino de Werner,  seguir al ejército a través de Europa hasta terminar en Saint-Malo.

Una vez más me encuentro con un libro ubicado en la Segunda Guerra Mundial, evento que el escritor retrata de una manera tan realista y poética en tantas ocasiones que pierdo la cuenta. He leído libros ubicados en Inglaterra,  Estados Unidos, Alemania (estos nunca faltan) e incluso Rusia, siendo este “The Bronze Horseman”, el primero en enseñarme una perspectiva distinta de la guerra. Ya no era el básico sufrimiento del judío o el alemán en la guerra, ni batallas o intrigas de espionaje. Suena feo, pero es mi pedazo de la verdad. Ansiaba otro libro así, que me enseñara cosas nuevas y lo encontré con “La luz que no puedes ver”.

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Poemas que se quedaron

¿Poesía? ¿Yo? ¡Nunca! O eso decía hasta unos meses, cuando me encontré buscando en Google los mismos versos en más de una ocasión. Lo hacía sin pensarlo y por el puro placer de leer las palabras que tanto me atraían, que me recordaban momentos del pasado o los motivos que tengo para realizar ciertas actividades.

El proceso se dio poco a poco, pasé del “ni me pongan poesía enfrente porque no entiendo pío” a “me gusta y estos aún más”, refiriéndome a los poemas que presentaré a continuación.  Uno de las primeras señales fue mi decisión de pausar la tarea para buscar en Internet los poemas que recordaba haber escuchado o leído en algún momento de la escuela, para mi desgracia, pocas pestañas ocuparon en navegador. Ya se imaginará, lo que no te interesa carece de razones para permanecer en tu memoria y pronto desaparece del registro, bueno, eso me sucedió.

En otra ocasión me encontré disfrutando muchísimo las partes de un libro con versos citados, me derretí con Neruda y “Los amorosos” de Jaime Sabines, siendo éste último una joya que conocí gracias a un vídeo de YouTube. Por el mismo medio conocí “So you want to be a writer” de Charles Bukowski.

Los vídeos pasaron a formar playlists y al final, un par de semanas atrás, los poemas terminaron atrapados en mi libreta personal. Ahora los leo cada que quiero, pues la libreta siempre está en mi mochila de la universidad.

A este punto es indiscutible que me gusta la poesía. Y no me pienso quedar con la corta lista que tengo, pero por el momento sólo compartiré un par de versos de los cuatro poemas que pueden encontrar en mi libreta…

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De Londres y magia: A Darker Shade of Magic

Imagina que no tienes nada, mas que el sueño de zarpar en un barco, pero, para acabarla de amolar, este sueño (por una razón que ya no recuerdo y prefiero no spoilear) se viene abajo. Cuando te das cuenta estás enredado en una peculiar situación que trasciende los límites de las leyes de este universo. Una piedrecilla con un poder arrollador y un muchacho, Kell, quien bien podría tener heterocromía, son los causantes de todo ese alboroto y tú, ¿por qué no?, decides por tus propios cojines que serás parte de esa misión imposible a la que yo llamo “devolver la piedrecilla a un Londres tan negro como su alma”. Sí, el alma de la piedra, porque las piedras también tienen alma (¿?).

Eso, mi querido amigo, es suicida en muchos sentidos. ¿Por qué? Bueno… deja te explico este maravilloso mundo literario que me dejó abobada un buen tiempo, uno que pese a ser construido en un sólo libro queda como guante. En definitiva, Schwab se la voló.

Intentaré explicarlo de la manera más sencilla… existen cuatro mundos distintos: Grey London, Red London, White London y Black London. Sin magia, en esplendor, en decadencia y… presumiblemente muerto, respectivamente. En un momento del pasado los habitantes de estos mundos podían cruzar de un Londres a otro, hasta que se dio una crisis (llamémosla así) de magia y los caminos (¿interdimensionales?) se cerraron para protegerse, permitiendo de esta forma que sólo los Antari (como Kell) puedan viajar.

Fin de la explicación del universo, más información significaría quitarle el chiste al asunto, y les juro, este libro debe leerse tomando en cuenta un par de cosas:

  •    Es un poco lento al inicio, pero es entendible. Victoria se toma su tiempo para construir el universo, te explica cada Londres con detalle, dándole un sabor particular a cada uno.
  •    Si eres como yo, al principio no sabrás qué onda con las cosas. No desesperes, todo cobra sentido en un punto de la historia, así que no sueltes el libro. Sigue, tendrás una recompensa. Yo no podía soltar este libro una vez que pasé la página 100 o 150.

Mi favorito, por obvias razones después de leer el libro y conocer el estado de esplendor de la magia en ese Londres, fue Red London. Para mí es una caja de monerías y nunca sé qué esperar de él, salvo, claro está, magia.
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